domingo, 25 de octubre de 2009
También salí en domingo
sábado, 24 de octubre de 2009
En principio salida tranquila, al final la guerra
Salimos Jon y yo con la de flaca. Teníamos pensado no alejarnos mucho de su casa, a su mujer le queda poco para dar a luz pero el ya tenía mono de bici. Habíamos quedado a las 9:30 am en su casa pero yo me quedé dormido y llegué con 20 minutos de retraso.
Decidimos no tirar fuerte. Él llevaba dos semanas sin tocar la bici y para mi a terminado la temporada. Pero una cosa es lo que se decide y otra lo que realmente ocurre. Yendo con Jon la tranquilidad se puede perder en cualquier momento y por cualquier motivo.
Estábamos ya de vuelta. Un grupo de ciclista, unos 7 u 8, nos da alcance. Esos mismo ciclistas habían partido de mismo sitio que salía yo. El último del grupo le dice:
- Nos ha costado muy poco cogeros.
Para que le dijo eso. Va el otro y me dice no pierdas la rueda. Así fuimos un par de km. De nuevo me dice Jon.
- No pierdas la rueda y no des relevo.
El sí se pone para dar algún relevo. Antes de la llegada del grupo íbamos a unos 30 km/h, a partir de ahí subimos 5 km. Es decir íbamos a 35 por hora. Llega su turno de dar relevos y el tío aprieta tanto que se queda solo. El resto del grupo lo toma como un ataque. Uno salta para alcanzarlo y el resto del grupo tira para no dejarlos ir. En resumidas cuentas pasamos a rodar a 45 por hora. Por supuesto no di ningún relevo. Ya tenía bastante con no descolgarme del grupo. Miraba el pulso y no bajaba de 175 ppm. Tocaba subir la cuesta de las Doblas y ya si me quedé. Terminé la subida y me asuste un poco. El pulso estaba a 182. Aflojé el ritmo. Cuando de nuevo se juntó el grupo Jon se puso a mi lado. Yo le saludé con un adjetivo muy sonoro.
- Cabrón, solo ibas a dar un relevo.
Se reía y me lo justificó por el comentario que le había hecho el último cuando nos alcanzaron. Nos paramos en un bar para tomar algo. A mi me temblaban las piernas como hacía tiempo que no la hacía. Ya nos despedimos del grupo y nosotros continuamos con nuestra ruta de vuelta.
Dejo a Jon y yo tiro para casa pero antes me paso por el taller donde tengo la gordita para un repaso general y el tema de la horquilla. Cuando llego me dan una mala noticia que no me esperaba. En la carrera de Paterna un tío tropezó con mi bici y la dejo caer. El acople derecho se movía tras la caída, pensé que se había aflojado. Pues no, de golpe se ha agrietado el manillar de carbono por el extremo del acople. He pensado dos opciones: renunciar a los acoples o cortar el manillar por cada extremo unos dos centímetros. Así pasaría a medir 596 mm. En vez de los 600 iniciales. No creo que note mucha diferencia. La verdad que me ha jodido bastante el tema.
Mañana quiero salir otra vez con Jon, aunque estoy cansado del día de hoy. Rezo por no encontrarnos otro grupito.
domingo, 18 de octubre de 2009
La Gran Gilipollez

domingo, 11 de octubre de 2009
No fue lo que pudo haber sido
Como en todas las salidas, incluso en las neutralizadas como esta, se sale a revienta caldera. Se coge un par de curvas del circuito y después de sale por una de las escapatoria de los coche. Es mucha prieda suelta donde se forma un tapón y hay que descabalgar. Son 7 km de neutralización hasta llegar y salir del pueblo. Nos reagrupamos, miro para atrás y más o menos mantengo las misma posición que en el cajón de salida y además me encuentro bien.
Se da la salida real y de nuevo a jierro. No se da tregua. Me adelantan algunos pero yo tambien adelanto por lo que sigo manteniendo la posición. Era una pista rápida y además picaba para abajo. Se volaba. Para mi era un recorrido que me favorecía. Salvo 3 subidas todo lo demás era un continuo rompepiernas. Sobre el km 13 hay un repecho y en el grupo que voy no termina de coger a los que nos preceden. Decido hacer un esfuerzo en solitario para cogerlos y el repecho lo subo a tope. Me pongo a cola de ese grupo y me dejo llevar. Ibamos por un camino al lado de río Tinto sin tiempo de disfrutar del paisaje. Cualquier despide era una caída segura. Me encuentro bien y además calculo que estoy entre los 250-300 primeros. No está mal. Pero llega el km 20 y noto un movimiento raro en la rueda trasera. Miro el cuenta y marca 26 km/h, pienso que el movimiento se debe a lo pedregoso del terreno y la velocidad. Iluso de mi. Había pinchado. No me lo podía creer. Paro y reparo el pinchazo lo más rápido que puedo. La bombona de aire no me llena la rueda, tengo que coger la bomba de aire y con las prisas casi rompo la válvula. Veo como van pasando y eso me pone más nervioso. Tengo que repararlo lo más rápido posible para coger algunos de estos grupos. Pasan y pasan y creo que pasan casi todo. No sé cuando tiempo he podido perder pero si que he pinchado en el peor momento. Cuando más rápido de iba.
Monto de nuevo y ahora se me plantea otra carrera. Ahora soy solo yo. Empiezo a adelantar a ciclistas. Llego al primer avituallamiento y pido una bomba para terminar de llenar la rueda. Hay una pero nadie sabe donde está. Paso de esperar más tiempo y tiro p'alante. Así con la rueda medio vacia terminé la carrera. Sigo adelantando a ciclistas, quiero alcanzar algún grupo que me lleve, pero solo son ciclistas descolgado. Mirándolo ahora creo que me cebé demasiado en coger algún dichoso grupo. Los km van pasando, no levanto el pie y las dificultades que hay las voy superando muy bien (dentro de mis posibilidades). Llega el km 60 y empieza la subida al Manzanito es la más dura. Sigo adelantando a un rosario de corredores y me pregunto por donde iría si no hubiese pinchado. No es lo mismo ir en grupo que ir en solitario.
Por otro lado el sol empieza a apretar, o al menos yo empiezo a notar que aprieta. Hace 40 grados y eso a mediados de octubre. El año pasado esta misma carrera se tuvo que suspender por lluvia. Prueba palpable del cambio climático. Culmino la subida y lleno el camel en el avituallamiento. Me dan una pera fresquita que me supo a gloria más que nada por el frescor. La bajada la hago lo más rápido que sé y puedo. De vez en cuando me encontraba algún repecho donde intentaba no bajar mucho la velocidad. Había un repecho casi imposible de subir montado. Lo subí. El ciclista que iba andando se quitó para dejarme pasar y empezó a darme ánimos para que lo culminara. Apreté los dientes. Un quad de la organización se puso a mi lado durante varios kilómetros. Por un momento pensé que iba el último y se lo pregunté. Me dijo que no, pero que los que iban detrás iban muy lentos y se aburría y que yo llevaba un buen ritmo. Me halagó. La verdad es que sí llevaba un buen ritmo, pero me agobiaba tener a alguien detrás de mi. Logré alcanzar a otro ciclista y por fin se quedó con él.
Ya casi todo era terreno que picaba hacia abajo y llegó el km 84 donde empecé a pagar la factura de tanto esfuerzo en solitario. Ya el ritmo no era tan alegre. Tardé casi 2 horas en hacer los 20 km que quedaban. Ahí empezó un verdadero sufrimiento. Ya llegando al pueblo veo a lo lejos una cuesta. Pienso: joder a ver si no tiramos por la derecha. Tiramos por la izquierda y en que hora. El cuenta marcaban tramos de desnivel de hasta el 18%. Ya solo quedaban 5 km y me iba arrastrando como una serpiente. Faltaba un kilometro y de nuevo se acerca el de quad. Me saluda pero me llevo una sorpresa cuando veo a un tío que va dejándose llevar por el quad (creo recordar que era el dorsal 224). Me mira y hace la gracia de decirme que es la mejor idea que ha tenido. Yo le ignoro y me muerdo la lengua para no llamarle TRAMPOSO. Veo la meta. He terminado pero no fue lo que pudo ser. Ahora tengo que resolver el problema de coche y del volver. Mientras como un buen arroz llamo a la grua que nos llevará a todos, bici, coche y yo, a Sevilla.
Al final me salieron casi 110 km. Tragué polvo, cuatro veces tuve que echarle aceite a la cadena. Por cierto como anecdota, una de las veces que estaba echando aceite un participante me pide el bote. Es un bote pequeño de goteo y el tío me dice que si no lo tengo con spray. Lo miro y le digo ya se me ha acabado pero si quiere voy y se lo traigo.
Por el cuenta-kilómetro han sido 6:45 pero no contempla el tiempo que he estado parado, para saber la realidad tendré que esperar la clasificación. Y la próxima semana Paterna, la última de la temporada.
domingo, 4 de octubre de 2009
Querer y no poder
