
La ruta ya estaba elegida, después de ver el blog de Pablobike, me apetecía disfrutar de bici y paisaje. Regulé la horquilla y el amortiguador que también lo han revisado y a las 9 en la calle. La primera impresión encima de la bici es que ha cambiado. Las reacciones son otras. Son más vivas y a las vez más progresivas. Incluso la dirección es más rápida. Creo que ese cambio viene debido porque antes en la otra horquilla el eje de las ruedas se apoyaba al final de los brazos de la horquilla. En la nueva está desplazado. Pero lo me más me gusta es que se lo come todo. Creo que he encontrado el punto idóneo.

En cuanto a la salida de ayer me apetecía una rutita por la sierra. Aquí en Sevilla, la más cercana no necesidad de coger el coche es la Sierra Norte. No hay grandes desniveles pero si mucho rompe piernas. No es el mismo paisaje de la sierra madrileña, pero es lo que hay y la verdad hay un tramo que sí me gusta mucho.

Ya de regreso estaba tan ensimismado en mis pensamientos, en mis historia, en mi amor que en un momento dado decido parar para llamarla. Paro y veo que pasa algo raro, la línea del horizonte se empieza a inclinar, el árbol están perdiendo su verticalidad. Noooo, el que está perdiendo la verticalidad soy yo. Se me ha olvidado poner los pies en el suelo. La leche era inevitable. En el suelo me empiezo a reír. No me podía creer lo que me había pasado. Me levanto lo más rápido que puedo y miro. Menos mal que nadie me ha visto. Me rio. Vuelvo a mirar por si alguien me ha visto, pero no mi honor ciclista está a salvo.
Hoy ha amanecido lloviendo, como en toda España, y he decidió ir al gym y hacer algo en la piscina. He durado media hora, me duelen todos los músculos. Estoy peor que si hubiese corrido un maratón y eso que solo hice 6 largos a ritmo lento y 2 largos solo moviendo las piernas. Toy muerto.